Titulo
Empoderamiento; Capital social; Ciudadanía activa; Aprendizaje entre iguales;
Parte de aprendizaje
APRENDIZAJE ENTRE PARES
El APRENDIZAJE ENTRE PARES es una expresión para enfatizar que los alumnos tienen una posición igualitaria en el proceso. Al mismo tiempo, el concepto implica que los alumnos aprenden realmente los unos de los otros y contribuyen en igualdad de condiciones a la solución común de determinadas tareas. Así, el aprendizaje entre iguales suprime, en cierto modo, la situación clásica de aprendizaje, en la que una de las partes -por regla general, el profesor- se sitúa jerárquicamente por encima de la otra parte -por regla general, el alumno-. En el aprendizaje entre iguales, por el contrario, los papeles cambian constantemente. En una situación, algunos compañeros pueden contribuir más que otros. En otras situaciones, es al revés. El punto de partida es que todos los compañeros sean reconocidos como contribuyentes activos y valiosos.
El proceso de aprendizaje entre iguales puede interpretarse como una relación en la que las personas de un determinado contexto de aprendizaje actúan alternativamente en los papeles de proveedores y receptores de determinados servicios en forma de conocimientos, métodos, etc. En el cuadro general, se crea un equilibrio entre proporcionar y recibir, de modo que la persona individual en el contexto de aprendizaje y la comunidad desempeña ambos papeles. En otros contextos, la perspectiva del aprendizaje entre iguales se ha definido como «El aprendizaje entre iguales se define como los estudiantes que aprenden de y con los demás de manera formal e informal» (Boud, D. (2001): «Introducción: Making the Move to Peer Learning»).
Se entiende que los estudiantes -los alumnos- aprenden compartiendo activa y sistemáticamente sus ideas, conocimientos y experiencias mediante actividades de aprendizaje con sus compañeros. El resultado es un proceso de aprendizaje interdependiente y mutuo en igualdad de condiciones, en el que intervienen el aprendizaje emocional y social como aspectos esenciales del intercambio entre pares. Así pues, los elementos de coproducción forman parte del proceso de aprendizaje entre iguales, basado en bloques de construcción como
– Aprovechamiento de las capacidades de las personas: cada uno tiene diferentes capacidades y habilidades.
– Reconocer a todos los participantes como activos: ningún participante debe tener una autoridad especial ni asumir un papel protagonista.
– Mutualidad y reciprocidad: el objetivo es crear una relación bidireccional, es decir, posiciones de aprendizaje interdependientes y mutuas.
«La enseñanza entre iguales puede adoptar muchas formas. El factor común es que el conocimiento no lo comparte un instructor u otra persona con autoridad. Se trata de personas del mismo nivel que se enseñan mutuamente lo que saben…» (¿Qué es el aprendizaje entre iguales? https://blog.continu.co/peer-to-peer-learning).
De este modo, podemos hablar de una comunidad de aprendizaje horizontal y no jerárquica, a diferencia de los contextos de aprendizaje tradicionales que suelen basarse en una estructura vertical y jerárquica, basada en roles unilaterales de profesores y alumnos en posiciones desiguales.
Relaciones entre pares o relaciones mentor/mentorizado: es relevante señalar una diferencia entre la relación mentor/mentorizado y las relaciones entre pares. está integrado en el rol de mentor que éste debe ser un supervisor, facilitador e instructor en la interacción con su mentorizado. El mentor se sitúa en una posición superior a la del mentee según la lógica de la función. Se trata de una especie de relación profesor/alumno, independientemente de que la relación mentor/alumno se establezca entre jóvenes de la misma edad, del mismo nivel educativo, etc. En resumen, la construcción del mentor/aprendiz se basa en una relación asimétrica, a diferencia del enfoque entre iguales.
Extraído de la colección de folletos de SUPEER sobre conceptos y metodologías, Folleto 1 «El aprendizaje entre iguales en el trabajo y la integración de los jóvenes» – Para más información: https://supeer.eu/media/supeer-booklet-1-es.pdf]
EL EMPODERAMIENTO
El empoderamiento no es el «poder en sí mismo», sino que es un proceso por el cual éste sólo se otorga con un fin o para un propósito. El término empoderamiento se refiere a las medidas destinadas a aumentar el grado de autonomía y autodeterminación de las personas y las comunidades para que puedan representar sus intereses de forma responsable y autodeterminada, actuando con su propia autoridad. Es el proceso de fortalecerse y ganar confianza, especialmente en el control de la propia vida y la reivindicación de los propios derechos. El empoderamiento como acción se refiere tanto al proceso de autoempoderamiento como al apoyo profesional a las personas, que les permite superar su sensación de impotencia y falta de influencia, y reconocer y utilizar sus recursos.
Empoderamiento: la capacidad de los individuos, grupos y/o comunidades para tomar el control de sus circunstancias, ejercer el poder y alcanzar sus propios objetivos, y el proceso por el cual, individual y colectivamente, son capaces de ayudarse a sí mismos y a otros para maximizar la calidad de sus vidas. (Adams, 2008).
El proceso de empoderamiento va en dos direcciones: vertical y horizontal. El empoderamiento vertical se refiere al empoderamiento de los grupos y las comunidades locales a través de políticas a nivel de municipios y autoridades gubernamentales locales. El empoderamiento horizontal se relaciona con el empoderamiento de redes vigorosas entre actores del mismo nivel (Andersen y Larsen, 2016, p. 587).
El empoderamiento está inextricablemente ligado a la educación. La educación no solo es una parte crucial de todos los programas de empoderamiento, sino que también actúa para empoderar en sí misma. Para aquellos que son analfabetos y tienen que adaptarse a una segunda lengua, por ejemplo, la educación es crucial para que desarrollen un sentido de autoestima y empoderamiento.
Extraído de la colección de folletos de SUPEER sobre conceptos y metodologías, folleto 2 «Empowerment in peer learning and integration» – Para más información: https://supeer.eu/media/supeer-booklet-2-es.pdf]
El CAPITAL SOCIAL
«El capital social puede definirse simplemente como la existencia de cierto conjunto de valores o normas informales compartidas entre los miembros de un grupo que permiten la cooperación entre ellos». Francis Fukoyama
El CAPITAL SOCIAL, según Bourdieu, es «la suma de los recursos actuales y potenciales asociados a la posición del individuo en una red de relaciones más o menos institucionalizadas de conocimiento y reconocimiento mutuos». (Bourdieu 1986). El capital social, por tanto, son los recursos a los que el individuo accede al integrarse en las redes sociales. El capital social potencial del individuo se basa en el reconocimiento mutuo de los miembros de la red entre sí. También se ve afectado por el tamaño de la red, así como por otros tipos de capital que posee el individuo.
El capital social, según la definición de Coleman, es una forma de capital que existe dentro de las relaciones sociales entre las personas en diversas formas de redes sociales. Estas relaciones sociales dan a los miembros de las redes sociales acceso a varios recursos útiles que funcionan de forma que pueden afectar a su calidad de vida. Coleman distingue tres formas funcionales de capital social:
- Compromisos, expectativas y credibilidad: Las relaciones y las redes prestan servicios. Y estos servicios se retribuyen. Este mecanismo recíproco requiere que los miembros de una red se reconozcan mutuamente como individuos comprometidos, dignos de confianza y creíbles. El reconocimiento proporciona una sensación de seguridad y pertenencia al identificarse con otros miembros de la red social.
- Canales de información: La información y el conocimiento son herramientas importantes para actuar de acuerdo con los diferentes roles sociales de cada uno, así como con sus propios intereses y beneficios. Las relaciones sociales pueden facilitar el libre acceso a la información.
- Normas sociales; recompensas y sanciones: Las normas son importantes para describir cómo actúan los miembros de una red social y cómo funciona la red en general. Las normas determinan qué acciones se consideran adecuadas o inadecuadas. Las normas suelen aplicarse mediante sanciones en forma de recompensa o castigo.
Putman define el capital social como «características de las organizaciones sociales como las redes, las normas y la confianza social que facilitan la coordinación y la cooperación en beneficio mutuo«. (Putman, 1995) Al igual que Bourdieu y Coleman, Putman también subraya que para entender el capital social es necesario comprender las relaciones y los vínculos sociales en los que se inserta el capital social, se genera y se accede a él. Putman subraya que el capital social también puede ser negativo y puede crear muchos problemas tanto para los individuos como para las comunidades. Las pandillas son redes en las que las relaciones y los lazos sociales tienen un impacto negativo en los miembros de la red, así como en la comunidad en general.
Extraído de la colección de folletos de SUPEER sobre conceptos y metodologías, folleto 3 «El capital social en el trabajo y la integración de los jóvenes» – Para más información: https://supeer.eu/media/supeer-booklet-3-es.pdf]
CIUDADANÍA
El concepto de CIUDADANÍA se percibe generalmente como un requisito fundamental para el funcionamiento de la democracia. Así, la CIUDADANÍA se asocia con el compromiso y la participación de la población en las decisiones políticas y las instituciones de la sociedad a través del derecho de voto, las audiencias y otros canales de decisión. Sin la opinión y la participación de los ciudadanos, las asociaciones civiles y las redes, la idea básica de la democracia como gobierno del pueblo puede verse debilitada.
«La ciudadanía puede percibirse como una combinación de estatus e identidad. el individuo tiene derechos como ciudadano de la sociedad, sin embargo, también debe sentir lealtad hacia la comunidad y ser capaz de identificarse con sus valores básicos. La ciudadanía también tiene que ver con la visión del otro/los otros que educamos y socializamos. ¿A quiénes vemos como conciudadanos? ¿Cómo llega el individuo a formar parte de la comunidad y a ser reconocido como ciudadano activo? …» (Korsgaard, Ove, Sigurdsson, Lakshmi y Skovmand, Keld» en la antología «Ciudadanía, ¿un nuevo ideal educativo?», 2007).
Básicamente, la ciudadanía consiste en conocer los derechos y las obligaciones de cada uno, y en hacer uso de sus derechos en una sociedad en la que uno se siente reconocido, así como comprometido y obligado a contribuir al bien común. Desde esta perspectiva global, el punto crucial de ser ciudadano es la conciencia de la constante interacción entre los derechos y las obligaciones hacia la comunidad y la sociedad en un sentido más amplio.
En cuanto a la práctica de la ciudadanía, los investigadores, debatientes sociales y profesionales han definido el concepto de forma diferente. Por ejemplo, se puede distinguir entre la ciudadanía ordinaria, la activa y la activista:
- La ciudadanía ORDINARIA se refiere a una práctica de la vida cotidiana en el entorno vital cercano, las personas -los ciudadanos- cuidan de sus familiares, vecinos y amigos en la comunidad. Este tipo de ciudadanía contribuye a garantizar la cohesión de la sociedad y la inclusión interrelacionada de los ciudadanos en la comunidad. El «compromiso silencioso» tiene lugar en las redes informales y comprende tanto la ayuda económica, como la social y la práctica y el afrontamiento. A menudo se describe como «el pegamento que nos mantiene unidos».
- La ciudadanía ACTIVA se refiere a la participación individual en diversas actividades organizadas en la esfera pública. En general, se trata de un enfoque más amplio de los cambios deseados en las condiciones de vida de las personas. La ciudadanía activa y la participación tienen lugar en marcos formalizados como el trabajo voluntario en sindicatos, organizaciones, consejos escolares, guarderías o asociaciones de viviendas, y contribuye a una sociedad más cohesionada y solidaria.
- La ciudadanía ACTIVISTA se refiere a la práctica en la que los ciudadanos no sólo actúan dentro de los marcos y normas acordados. Los ciudadanos activistas también formulan activamente nuevas condiciones marco para transformar las condiciones económicas, sociales y políticas dadas para la vida social, y especialmente las condiciones de vida de ciertos grupos vulnerables. Así, la ciudadanía activista se basa en formas de acción que tienden a romper las normas y estructuras tradicionales, en nombre de valores básicos de la ciudadanía como la solidaridad, la igualdad, la tolerancia, etc.
La ciudadanía DEMOCRÁTICA fue lanzada por el Consejo de Europa y se refiere al aspecto educativo de una ciudadanía. El enfoque es que la ciudadanía democrática no se limita al estatus legal y al derecho de voto. Por el contrario, la ciudadanía democrática incluye todos los aspectos de la vida en una sociedad democrática, por lo que se relaciona con muchos tipos de temas diferentes y se vincula especialmente con la conciencia de los derechos humanos, las responsabilidades y los deberes. La ciudadanía democrática también pretende que los ciudadanos se den cuenta de cómo pueden desempeñar un papel activo y eficaz en su comunidad.
Extraído de la colección de folletos de SUPEER sobre conceptos y metodologías, folleto 4 – Para más información: https://supeer.eu/media/supeer-booklet-4-es.pdf]
Descripción del ejercicio
Haz clic y arrastra cada palabra a la columna de la derecha, según la pertenencia de las palabras a los conceptos.




